Esto es lo que hay, amig@s: varapalo, batacazo, desastre electoral. Ezker Batua-Berdeak ha visto reducido a casi la mitad su apoyo electoral y a la tercera parte su representación parlamentaria respecto a las últimas elecciones vascas de 2005. La realidad es esa. No es plato de gusto para nadie, pero sería absurdo no reconocerlo, e imprudente no analizarlo. Porque del reconocimiento de la verdad viene el aprendizaje de la experiencia, y del análisis certero las consecuencias aplicables y provechosas para el futuro. Incluso un desastre electoral tiene una parte positiva: se puede aprender a hacerlo mejor la próxima vez.
Las causas no son tan claras. Por un lado, es cierto que ni la bipolarización ni el marketing simplón y masivo en medios de comunicación de los grandes partidos nos ha ayudado. Por otro, es evidente que la gestión eficaz, innovadora, valiente y contra corriente que hemos puesto en marcha en el Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales tampoco ha sido valorada por la ciudadanía como digna de premiarse y continuarse, de proyectarse al futuro. ¿No se ha transmitido o no se ha entendido bien? ¿Es un problema de madurez social, de solidaridad? ¿Lo que realmente quiere la gente es que no haya alquiler, que la vivienda protegida se descalifique y se pueda lucrar cualquiera de su plusvalor, que la vivienda vacía siga vacía, que no haya inspección ni recompra pública de las VPO? No lo sé. En cualquier caso, a algunos partidos lo de “vender gestión eficaz” sí les funciona, pero a Ezker Batua-Berdeak parece que no. Porque lo que no es discutible (porque son datos innegables) es que lo que hemos conseguido en estas dos legislaturas no tiene comparación con lo que antes hicieron otros en nuestro lugar, ni con lo que están haciendo ahora mismo en otros sitios. De largo.
De la misma manera, excepto a EB-B, a cualquiera le “perdonan” sus pactos con partidos distintos (¿o es que se nos ha olvidado lo del PSOE en Navarra, con la más rancia ultraderecha nacional-católica, o aquí mismo hace unos años, en esa entente cordial PSE-PNV que duró trece años?). Parece que la izquierda transformadora y alternativa o es mayoría absoluta (la única manera de llegar a gobernar sin pactar) o no podrá alcanzar su fin, que es, que yo sepa, poner en práctica su programa de gobierno, porque ello supondría pactar con diferentes. Y se nos acusa de pactar con PNV y EA. Lo escribía (muy acertadamente, por cierto) Javier Dean en su blog hace unos días. Como si fuera un pecado, una traición, ganar territorios programáticos de izquierda a las coaliciones con cristianodemócratas y socialdemócratas. ¿Qué porcentaje de l@s votantes de Aralar, de es@s votantes que hemos perdido en esta última elección y que han optado esta vez por Aralar, por ejemplo, saben que Aralar está gobernando la Diputación Foral de Araba con PNV y EA? ¿Conocen su programa de gobierno? (suponiendo que éste exista, claro).
El poder desgasta, y una fuerza política de vanguardia, alternativa y transformadora de la sociedad, no es valorada socialmente mientras está en el gobierno, porque el gobierno “ensucia” el mensaje, requiere de tolerancia y pacto entre diferentes, hay que tragar con la parte de programa que no es tuyo. Parece como si el mensaje fuera “eh, vosotros, si sois tan de izquierdas, ¿qué hacéis gobernando con esos derechosos o centrosos o centroderechosos? Para ser puros tenéis que manteneros intactos, impolutos, incontaminados de realidad”. Quizás esa izquierda de salón, de grandes proclamas sobre la toma del palacio de invierno y la revolución de las masas sobre el papel, pueda permitirse el lujo de mantenerse al margen de la realidad. Yo opino que no, que la izquierda que quiera transformar realmente la sociedad, siendo caleidoscópica, hiperplural, la sociedad vasca, y no siendo realista la posibilidad de alcanzar mayorías absolutas, debe “mancharse”, mezclarse, contaminarse, pactar, acordar, llegar a acuerdos en base a programas, y “tragar” algunos sapos aceptables a cambio de realizar la alícuota parte de su programa que las proporciones parlamentarias de su peso específico le permitan. Mancharse de realidad a cambio de transformar una parte de esa misma realidad.
El mayor error, seguramente, puede que haya estado en la insuficiente o inconveniente didáctica de esta historia, en que no hemos sido capaces de contar qué hemos hecho y para qué. Esfuerzos personales no hemos escatimado para divulgar –en la medida de lo posible y en la que en su momento creímos razonable- lo que hemos ido poniendo en marcha y consiguiendo, pero seguramente tendríamos que haber dedicado más esfuerzo, más recursos y más inteligencia a explicar qué hemos hecho y por qué, para qué, lo hemos hecho. Pero sin medios de comunicación propios, como tienen los partidos grandes, y con la opinión pública predispuesta a comprar la “mercancía averiada” pero fácil de adquirir que los mass-media les han ido transmitiendo, la verdad es que es muy difícil llegar a explicar estas cosas, más aún cuando son temas técnicamente complejos, muy burocratizados y alejados de los mensajes “de brocha gorda” que venden en la tele. Conste que desde aquí y desde los demás blogs de la Blogosfera Gorria lo hemos intentado, con poco éxito, por lo que parece. En los círculos "entendidos" todo aquél medianamente documentado admite que nuestras políticas en materia de vivienda y asuntos sociales son las más avanzadas, valientes, innovadoras, eficaces y progresistas del Reino, pero parece que o bien esto no es conocido por la ciudadanía en general, o bien la ciudadanía no lo valora como suficiente mérito para gobernar Euskadi.
En mi opinión, no es justo que la sociedad vasca nos “premie” de esta manera, pero es bueno y positivo aprender de esta experiencia y proyectar el conocimiento al futuro, vayamos donde demonios vayamos. Y es bueno ceñirse a la realidad, no negarla, no engañarse con la excusa de la injusticia, del inmerecido (a mi juicio) castigo electoral. Aprender para levantarse de nuevo, y volver a dar batalla, sin parar, sin lamentarse más, sin dedicar ni un minuto más a autocondescendencia, a generar lástima de sí mism@. Ya deberíamos estar preparando la siguiente incursión al stablishment, el siguiente ataque al sistema, para cambiarlo, mejorarlo, revolucionarlo, transformarlo y hacerlo más justo y más solidario.
Lo que nadie nos podrá quitar, lo que ya nadie me podrá arrebatar, son estos seis años que he compartido en el mejor equipo de dirección del que he formado parte en mi carrera. Las personas con las que he trabajado desde 2003 hasta hoy son lo mejor que me ha pasado en mi vida profesional. En dos niveles superpuestos, uno más político y el otro de gestión, en ambos, ha sido un lujo, un honor y un placer compartir el trabajo, primero, con el equipo de dirección del Departamento de Vivienda, con Javier Madrazo al frente, y Javier Dean, Íñigo Maguregui, Pablo Aretxabala, Antonio Bartolomé, Sonia Samaniego, José Manuel de la Fuente, Pilar Matías, Ubaldo Ortiz, Ricardo Ortega, Txema Gonzalo, Javier Burón, Ibón Idígoras, Pilar Garrido, Iker San Román, Jorge Berezo y Nacho Madorrán (en orden aproximado de aparición en la película). Y en el ámbito de gestión, en Orubide primero, y en Visesa más tarde, he tenido la suerte de tener a mi lado a un grupo cohesionado y eficaz de gente altamente cualificada y muy motivada, con ganas de hacer bien las cosas y que han conseguido que no pierda en ningún momento la ilusión por venir todos los días a trabajar para cambiar el mundo y hacerlo más justo y solidario. No citaré a nadie personalmente de este segundo grupo de estupendas personas, porque seguro que me dejaría a alguien, pero ha sido un honor compartir empresas, proyectos, ilusión, trabajo, esfuerzo y satisfacción por los resultados con ell@s, verdader@s JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparad@s) de esta cosa del suelo y la vivienda protegida en Euskadi. Ha sido divertido, compañer@s.
No sería justo si no expresara también desde aquí mi agradecimiento y reconocimiento público y explícito a quien se ha llevado la peor parte durante estos seis años de entrega casi absoluta al trabajo por una vivienda digna en Euskadi. Gracias por aguantarme, Alicia.
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