Javier Fernández Retenaga, un buen amigo desde la niñez, gipuzkoano momentáneamente vuelto cantabrón, me envía esta carta que ha remitido recientemente al Diario Montañés, al hilo de la representación de la obra "La Revelación", que participó en el Festival Internacional de Teatro de Santander, de Leo Bassi, y la polémica que ha provocado entre los adeptos a esa extendida superstición que protege y financia el Estado Español llamada "religión católica". Como me ha parecido digna de atención y lectura -como otras cosas que escribe Javier-, le he pedido que me/nos la preste para que la podáis leer tod@s y comentar lo que os parezca conveniente. Ante todo, ofrezco y reclamo respeto, absoluto, a todas las creencias, supersticiones y manías del personal. Y también exijo plena libertad para criticar y debatir sobre todas las creencias, supersticiones y manías del mundo mundial. También de los tabús intocables en esta sociedad hipócrita, faltaría más.
Como en el caso de otras colaboraciones, lo que sí me he permitido es ponerle título. La autoría intelectual y las ideas que transmite el resto que sigue ya no son de mi responsabilidad.
"Los monoteísmos exigen adhesión absoluta, no admiten críticas. Siempre que han podido han ejercido la coacción para imponerse. Y cuando no pueden imponerse por la fuerza alegan que la crítica, el ejercicio a la libre expresión, es una vulneración de su derecho a la libertad religiosa. ¿Acaso la mera crítica de la religión es un obstáculo para que se practique? ¿Tan pobre es la fe de los creyentes?
A Leo Bassi se le han lanzado todo tipo de insultos, los mismos que unas venerables señoras (seguro que encantadoras durante el resto de la semana) nos lanzaron a la entrada a los que acudimos a ver el espectáculo. Al parecer lo que más ha escandalizado es que, al comienzo de la obra, Bassi aparece disfrazado de Papa (en televisión aparece algún «muñegote» del Papa y no causa tanto revuelo). El resto no es más —ni menos— que un extenso y ameno monólogo en el que el actor expone de una manera clara y racional, salpicada de humor y sensibilidad, una serie de incongruencias, desvaríos, vicios e incluso aberraciones propios de las religiones monoteístas. El espíritu y sentido de esa crítica lo explica el propio Bassi durante la obra: si uno tiene un amigo que le dice que va a invertir todo su dinero en el Fórum Filatélico, le diremos que debe de estar loco, que si todavía no se ha enterado de que es un fraude. Así sucede con la religión: es un enorme fraude (que esté más extendido e institucionalizado que los echadores de cartas no la hace menos fraudulenta que estos) y hay que manifestarlo sin rubor. La persona es más libre y vive mejor al margen de supersticiones; el Estado, para ser democrático (de todos y para todos) tiene que ser laico, y las diferentes naciones y pueblos sólo pueden convivir si dejan a un lado las diferencias religiosas (o, mejor aún, si dejan a un lado la religión).
Como el «creer» de la fe (a diferencia del «creer» del que opina) no es más que «querer creer», lo que se cree no tiene más fundamento que la voluntad del que cree. De tal modo que la fe puede sostener cualquier creencia, por absurda que sea, con igual fuerza probatoria. Ningún conocimiento puede venir de la fe, sino —como no puede ser de otro modo— de la razón y la experiencia. No es este el lugar para extenderse en una crítica detallada de la fe, los dogmas y los monoteísmos, pero animo a los creyentes a reflexionar alguna vez sobre ello, a poner a prueba sus creencias, a tomar un poco de distancia y analizarlas abiertamente, con audacia. Esto no puede hacer daño a nadie y siempre arroja alguna luz. Y le vuelve a uno más tolerante."
(Las fotos provienen de una exposición de escultura en el Castillo de San Jorge de Lisboa, las tomé durante el mes de diciembre de 2001, y están dedicadas a Javier, a Coro y a Pessoa)
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